AMOR DE LARGA DURACIÓN

Los reencuentros no siempre traen felicidad y buenos recuerdos, en muchas ocasiones nos hacen volver a ese momento que durante los años que han pasado hemos querido borrar y que vuelve a nosotros cuando una persona o una situación nos lo recuerda.

Y ahí, ante ella, estaba de nuevo él. Ese que la dejó quizá porque ella no supo retenerlo. O simplemente porque era más complicado quedarse y vivir a su lado que intentar olvidar y seguir sin mirar atrás. Nunca se lo dijo y jamás ella lo preguntó.

En mitad de aquella calle una mañana cualquiera apareció de nuevo sin vino ni confeti. Solo él y su triste melodía. Esa que siempre la destrozaba. Se miraron, se saludaron como si nada hubiese pasado entre ellos con un mirada profunda que guardaba todo lo que sentía y cada uno siguió tras un abrazo que guardaba de nuevo unos deseos que ya no serían alimentados.

 Lo miró alejarse y solo deseaba  que el olvido hiciese su trabajo.

INTIMO Y PERSONAL

Quedaba poco tiempo, y el haber llegado al final la devolvía al principio. Todo lo que pasase, o dejase de pasar, y el no llegar a saber el alcance de lo que sucedería a continuación, la tenían desquiciada.

Para contribuir a ese desagradable estado, la página en la que estaba comprando- mas para alejar la realidad que por necesidad-se había bloqueado, lo que hizo a Cayetana ponerse algo rabiosa, y solo por no poder comprar un sujetador con el que estaría muy atractiva pero que nadie vería ni disfrutaría, al menos de momento.

Siempre fue muy analógica, pero compraba por internet porque no le quedaba otro remedio si quería conseguir algunas prendas exclusivas, y el solo hecho de no poder hacerlo en ese justo momento, le produjo un inusitado malestar. Si es que era posible añadir algo más de enfado al sentimiento de angustia que la carcomía y que la acompañaba en las últimas horas.

Al final se dio por vencida y lloró desconsolada cuando por fin fue consciente de que no era un sujetador lo que necesitaba, sino alguien que pintase para ella otra realidad más habitable.

HAMBRE DE DESPEDIDA

No podía pensar en él sin que le doliera. Llevaba años soñando con este momento, el momento de vengar por fin la muerte de su marido, vengar o esclarecer o buscar una explicación que la llevase a dejar de pensar en aquella trágica muerte. Encontrar un motivo que la ayudase a dejar de sufrir. Y sin embargo tener tan cerca el final, o al menos creer en ello, le traía agradables recuerdos que se tornaban amargos estando ahora de vuelta. Algo se le había removido por dentro. Volvía a ella la intranquilidad de los primeros tiempos sin Beltran, la angustia de la pérdida, el naufragio interior..

Pensaba ahora sin demasiado sentido-porque era muy tarde- en todo lo que no hizo, en todo lo que no dijo y en todo aquello que quedó en promesas. Lo sepultado salía ahora a la luz cubriendo la realidad presente. Sabía que por mucho que se esforzase nada podía cambiar y quizá eso era lo peor.

Le costaba apartar de ella el sentimiento de una culpa que no le correspondía, pero que la ahogaba desde hacía demasiado. Estaba tan acostumbrada a esa compañera ingrata que se le hacía rara la despedida, esa que deseaba, esperaba y pretendía alcanzar en breve. O al menos esa era su pretenciosa aspiración.

MÚSICA DE FONDO

Todo lo que había dicho Luca sonaba bien. Sus planes para intentar por fin esclarecer lo ocurrido con Beltrán eran casi perfectos. Solo había un pero. Para llevarlos a cabo debían arriesgarse, quizá más de lo deseado. Aún así, era la única manera de hacerlo y Cayetana lo sabía.

Llevaba toda la mañana dándole vueltas al perfecto plan del italiano. La intranquilidad la carcomía desde hacía horas. No sabía si porque veía cerca el final, o por el oscuro pensamiento que la invadía ensombreciendo su interior y haciéndole pensar que todo quedaría sin resolver para siempre después de haber agotado el último cartucho.

Debían arriesgar. Ella se lo debía a su marido y el italiano a su amigo. Estaba decidido. Lo harían todo según las indicaciones de Luca, que había dedicado horas a la resolución de aquel incómodo asunto que ya duraba demasiado. Entonces, como en un juego despiadado del destino, sonó en el reproductor de Cayetana una canción que por un momento la trasladó al lugar que abandonó tiempo atrás, y la música le abrasó el alma.

EL HOMBRE PERFECTO

El italiano apareció sin dar tiempo a Cayetana a planificar ese encuentro. Había pasado algo de tiempo, el mismo que resultó de utilidad para huir de él. Ahora la cita era ineludible. Sentía curiosidad por saber como se tratarían después de no haberse visto en semanas, y a la vez temía su reacción.

Luca apareció con la misma frescura y procesándole el mismo cariño de siempre. Eso irritaba a Cayetana, que no podía entender cómo ese hombre podía actuar de un modo tan dulce y correcto siempre. Ella trató de adaptarse a las circunstancias, pero su fuerte carácter pesaba más que sus ganas de complacerlo. Aún así, no fue un encuentro desagradable.

Después de todos los hombres con los que se había cruzado en los últimos meses, en el fondo sabía que solo uno era el que realmente la hacía temblar, y no era otro que ese que ahora mismo ante ella, gesticulaba animadamente haciéndole saber que tenía interesantes planes para ellos en cuanto a lo que a la Sociedad se refería. Ella escuchaba pero su atención se veía atraída por la belleza de aquel hombre tan perfecto que daba miedo.

FLECOS

Siempre había algo que cortar, alguna cosa inacabada que quedaba colgando. La muerte sin resolver de su marido, el encuentro casual con alguien que dejó un regusto que no acabó de saborear, el abandono inexplicable del músico del norte, la reacciones particulares de Luca… y muchas más cosas que no entendía. Parecía como si el círculo de muchas de las situaciones que vivía no se cerrase jamás, y eso, la desconcertada sobre manera.

Cada vez pensaba más y peor. Se obsesionaba con todo lo que la rodeaba y daba excesiva importancia a lo que apenas la tenía. Quizá llevaba demasiado tiempo sola. Guardaba en el fondo de su alma un cariño que ya casi nunca utilizaba y huía de modo consciente de situaciones con las que pudiera verse comprometida. Nada bueno era ese proceder y ella lo sabía.

Cada día era peor que el anterior, porque al esconderse todo se vuelve mas oscuro y salir de nuevo es difícil cuando sólo se tiene una escasa voluntad, y la apatía favorece ese estado. Luca era el único que en estos momentos podría procurarle las tijeras para no dejar más hilos sueltos.

CORTO RECORRIDO

La velada con el Israelí había sido todo lo que ella esperaba. Pero a veces la perfección no es motivo suficiente para complicarse la vida. Ella no estaba preparada para estar con alguien que se iría pasadas unas semanas. No era el momento de comenzar algo de tan corto recorrido. Acabaría en decepción.

De nuevo apareció Luca en el entramado de sus pensamientos. Él sí se quedaba, estaba cerca. Tan cerca que daba miedo. Cayetana sabía que con el italiano se encontraba expuesta, pero no le preocupaba.

Tenía que llamarlo. Quedar con él. Saber qué había averiguado sobre el mapa. Debía seguir recabando información sobre los movimientos de la Sociedad. Y, para eso, era indispensable contar con la ayuda de su cómplice en la investigación. Ese no era otro que Luca. El chico guapo y desequilibrante que formaba parte de su vida. Era ese que le ayudaría a concretar que pasó realmente con su marido. Cerrar esa herida que de cuando en cuando sangraba la ayudaría a vivir sin mirar atrás.