CORTO RECORRIDO

La velada con el Israelí había sido todo lo que ella esperaba. Pero a veces la perfección no es motivo suficiente para complicarse la vida. Ella no estaba preparada para estar con alguien que se iría pasadas unas semanas. No era el momento de comenzar algo de tan corto recorrido. Acabaría en decepción.

De nuevo apareció Luca en el entramado de sus pensamientos. Él sí se quedaba, estaba cerca. Tan cerca que daba miedo. Cayetana sabía que con italiano se encontraba expuesta, pero no le preocupaba.

Tenía que llamarlo. Quedar con él. Saber que había averiguado sobre el mapa. Debía seguir recabando información sobre los movimientos de la Sociedad. Y, para eso, era indispensable contar con la ayuda de su cómplice en la investigación. Ese no era otro que Luca. El chico guapo y desequilibrante que formaba parte de su vida. Era ese que le ayudaría a concretar que pasó realmente con su marido. Cerrar esa herida que de cuando en cuando sangraba, la ayudaría a vivir sin mirar atrás.

ISRAEL 1 – ITALIA 0

Ella estaba citada con el Israelí. El italiano llegó antes de que pudiese recordar que debían encontrarse. Cuando Cayetana escuchó que alguien llamaba, se sobresaltó. Enseguida supo quién era, aún sin haber tenido en cuenta que él vendría.

Luca estaba allí porque la mujer de su amigo lo había citado para enseñarle algo-según ella- de vital importancia para la investigación que ambos estaban llevando a cabo. Cayetana no estaba como siempre. La notaba impaciente, irascible y se ruborizaba sin motivo. Como si tuviese prisa por despachar el asunto y pasar a otra cosa que le causase más placer.

Cuando sacó el mapa y lo puso ante los ojos de Luca, éste supo reconocer que se trataba de algo importante. Tardó un momento en reaccionar, pero enseguida se aventuró a proclamar cuál era la zona que marcaba el mapa aparentemente desconocido.

Pidió a Cayetana si podría llevárselo unos días. A pesar del celo con el que lo había custodiado todo este tiempo, no puso impedimento alguno. Ella solo pensaba en el israelí y en su confesión de llevar llevar un año deseando besarla.

2 EN EL PENSAMIENTO

No siempre todo sucede cuando se espera. Puede pasar un año desde que te despediste de alguien sin demasiada atención y que doce meses después te confiese que deseaba besarte desde aquel instante 365 días atrás, en el que te vio por primera vez. Entonces decides que es el momento oportuno de dejar todo fluir.

Cayetana vivía inmersa en los preparativos de un fiesta que no le apetecía dar, y utilizaba como excusa el tiempo que dicho evento le robaba para distraer la atención de lo importante que no era otra cosa que llamar a Luca para contarle lo que hacía tiempo tenía intención de poner en conocimiento del italiano. Por una razón un otra, lo posponía. Aparte, el israelí estaba más presente que nunca y ella lo deseaba como siempre.

Los hombres que tenía cerca eran agradables, pero ahora no era el momento de decantarse por buscar el amor. No antes de resolver el misterio -para ella- de la muerte de su esposo, algo que la seguía cegando y que de momento, salvo excepciones, no le permitía ser ella misma ni avanzar sin tener que sentir nostalgia o la falta de ella.

Se había prometido que esa misma semana le contaría a Luca lo del mapa. Ya no aplazaría más algo que debió hacer hacía semanas. Debía afrontar esa situación que le incomodaba para no seguir creyendo que era tan importante.

DESEOS

Se preguntaba a cuántas personas íntegras y decentes conocía. La lista se le antojaba corta. Desearía conocer más, pues al empezar a repasar eran pocas las que cumplían con el requisito requerido. Eso le hacía pensar que cada vez las personas se venden con más facilidad y los valores carecen de sentido.

Luca era uno de esas pocas personas que mantenían intacta su integridad. Ella lo sabía, era algo que se nota, y en él era más que palpable. Por eso estaba decidida a contarle lo poco que sabía sobre el hallazgo que su marido hiciera mucho tiempo atrás, y que sin duda, debía rescatar y traer al presente, para poder resolver el misterio de su muerte. Esa que para ella aún estaba sin resolver.

Lo llamaría. Esa misma noche era imposible. Había quedado con alguien del pasado. Era un hombre. Árabe. Muy diferente a ella, pero que con su diferencia conseguía que ella se sintiese alguien especial. No se veían desde hacía un año. En aquella ocasión todo fue impostado entre ellos. Ahora todo indicaba que podrían acercarse para sentir eso que los dos deseaban, pero que por mucho tiempo habían querido enterrar.

ABSTRACCIÓN

Las vacaciones se habían alargado. Los pensamientos, también.

Tenía nuevos datos, pero ninguno que aportase demasiada información. Se movía en círculos, en espiral. No sabía desmarcarse de esa tendencia que parecía ser el nuevo sinsentido en el que debía permanecer por momentos. Cada avance se convertía en un nuevo enigma y la atracción que sentía por Luca tampoco la ayudaba a moverse con frialdad.

Le habían regalado un libro y una pluma. La botella de vino la había comprado ella. Y tenia la idea exacta de dónde y con quién debía tomarla. De momento era solo una idea que dejaría pasar. Su amigo Remi era padre por segunda vez. Ella era viuda y no tenía hijos, ni siquiera un perro al que llamar Lupo. No debía hacerse con una mascota. Montar en bicicleta le parecía más aceptable, o invertir en arte.

Todo le resultaba firmemente extraño y tristemente abstracto.

Cuanto más analizaba su vida, más absurda le parecía. Quizá debía dejar de hacerlo, al menos en el día que corría. Era uno de esos en los que todo parecía ser gris oscuro, casi negro. Le dolía la cabeza, motivo por el cual dejó de buscar un vestido para el cóctel del sábado. Lo adecuado era no asistir, o quizá durante la semana aparecería de nuevo el ánimo perdido. Mañana todo sería de un color menos apagado. Esperaba poder dormir y alejarse del laberinto pensativo en el que sin darse cuenta se había embarcado.

 

 

UNA LLAMADA

En muchas ocasiones un pequeño gesto inesperado es válido para cambiar la perspectiva, o para hacerte sentir pleno.

Tras la desafortunada conducta de Luca la noche de la ópera, Cayetana se sentía desilusionada. No paraba de darle vueltas a lo ocurrido y hacía días que no sabía nada del italiano. Le daba igual. Es más, que fuese así la alegraba. Sentía en esos momentos un particular desprecio hacia la persona de Luca. Un sentimiento incontrolable que no le desagradaba, era como una venganza no premeditada.

Cayetana había pasado la tarde bebiéndose un botella de vino regalo de su amiga Alicia. Saboreando estaba el rico caldo cuando su móvil sonó. Era un mensaje de Luca. Ella lo dejó pasar como dejó pasar ese sentimiento de desprecio que habitaba en ella y que no molestaba.

Dos horas más tarde la llamaban. No era otro que ese que envió un mensaje que no tuvo respuesta. Cayetana dudaba sobre lo adecuado o inadecuado de responder. Y sobre todo de si le apetecía hablar con ese que la estaba haciendo sentir tan lejos de ella misma.

Respondió. Luca fue tan capaz de hacerla volver en sí, que ella no pudo más que ceder ante él. Era un hombre especial a la par que complicado, que hacía las cosas aparentemente difíciles siendo la facilidad su estado final. Y sólo se detenía en lo importante. Un solo gesto suyo podía llegar a remover las entrañas. Cayetana era muy consciente de ello, por lo que temía poder quedar de alguna manera en sus manos. Motivo éste por el cual debía cubrirse a fin de no salir herida. Y eso sí era importante.

VIERNES DE OPERA

Luca la desconcertaba. Sus encuentros sólo servían para hacerla dudar más. Le daba información pero a la vez esa información le servía para crearse nuevas dudas sobre su marido. Era viernes. Noche de ópera. Luca pasó a recoger a Cayetana tal y como habían acordado. Ella apareció deslumbrante, envuelta en un vestido verde esmeralda que la hacía resplandecer. La sugerente desnudez de la espalda, hizo que Luca perdiera la concentración por un momento.

Aquella mujer lo acompañaba, pero no le pertenecía, y esa noche más que nunca hubiese deseado que Cayetana fuera su esposa, o al menos, la mujer con la que compartir un rato de intimidad. Él no sabía si ella sentía hacia él esa rara atracción que él sí sentía -aunque disimulaba- por lo inadecuado que hubiese resultado ser confesada.

Cayetana estaba lejos de ese pensamiento -al menos en ese momento-. Su imaginación voló en busca de la nostalgia que alimentaba su vida de modo habitual. Pensó en lo diferente que le resultaba ahora todo. El tacto del terciopelo de las butacas ya no era tan suave. La madera había perdido brillo y las escenas ya no eran tan sorprendentes, ni la lámpara lucía tan esplendorosa. El dolor de la pérdida aún extendía su desagradable manto.

Después de la función se alejaron de la ciudad. Pasearon en silencio hasta que Luca se acercó a Cayetana más de lo que ella esperaba y la velada se rompió. El verde esmeralda pareció apagarse en una noche en la que Cayetana huyó ante la atenta mirada del hombre que la deseaba.