UNA TARDE CUALQUIERA

La aparente quietud da casi siempre pasó al estruendo. El griterío interior de una voz ahogada que al final termina por ser escuchada.

La impaciencia y la agitación del reencuentro dominaban su ser. Luca estaba a punto de llegar y ella aún no se había vestido y antes de que pudiese reaccionar, el hombre que había deseado durante tantos meses ahora estaba ante ella más cerca que nunca deslizando la suave bata que llevaba puesta.

Observó su cuerpo, la delicada ropa interior que lucía, dos prendas que desaparecerían en unos segundos para mostrar completamente al desnudo, la delicada figura de Cayetana. Ésta desabrochó con desesperación la camisa de Luca y acarició su torso, ese que tanto deseó en demasiadas ocasiones durante todo este tiempo. Le desabrochó los pantalones y ya en igualdad de condiciones se perdieron en un mar de besos que mostraban las ansias de deseo que ambos habían mantenido en silencio. Se entregaron el uno al otro sin guardarse nada.

Para más tarde quedaría tratar el asunto que motivó el encuentro. Pues por todos es sabido que las cosas prioritarias son siempre las que deben resolverse antes. Para después se deja aquello que puede esperar.

HOJA EN BLANCO

Parecía increíble, pero ya había pasado otro año. Otro más en una vida que de algún modo seguía desordenada. La palabra no sería esa en concreto, se decía Cayetana, más bien una vida en la que de momento no todas las piezas encajaban a la perfección.

Era el momento ideal para hacerse con el engranaje perfecto, para vivir sin mirar atrás o casi sin mirar. Debía poner punto y final a esa situación que la desestabilizaba llevándola al borde de un abismo silencioso.

Su paciencia en los últimos meses había experimentado más uso de lo habitual, por lo que ya quedaba poca de ella, y la poca que quedaba estaba muy mermada. Aún así no estaba desanimada. Muy al contrario de lo que se pudiese pensar, se encontraba preparada, ahora más que nunca, para resolver su cuenta y no dejar un borrón sino un papel blanco y brillante en el que escribir una nueva versión.

TIEMPO DE ESPERA

El día tocaba a su fin. La reflexión era ahora parte de la vida de una Cayetana que se revolvía a menudo en ella como modo de obtener unos mejores resultados. La noche estaba bien entrada, Cayetana se despertaba a ratos, colocaba su almohada, se removía, y miraba el reloj una y otra vez de modo compulsivo, deseosa de que llegase la hora de levantarse. Luca no había anunciado la hora exacta de su llegada, aún así ella esperaba ansiosa ese momento.

Se propuso inventar actividades absurdas que llenasen su tiempo, pero lo único que conseguía era desesperarse más, pues el intentar llenar su tiempo en ese estado, sólo la llevaba a que la la falta de concentración que era la que reinaba en todo lo que emprendía aquella mañana, hiciese inútil toda empresa que se proponía.

Los últimos días habían sido demasiado intensos, quizá por eso la llegada del italiano que esperaba, sirviese de bálsamo a su desesperación. Muchas historias cerradas o por cerrar que se precipitaban en su mente sin darle tiempo para ordenarlas por orden de importancia.

Volver a ver a ese hombre al que deseaba en silencio hacía más difícil la espera. Tampoco sabía como la recibiría él, pero estaba convencida de que su reencuentro sería agradable. O así lo creía ella.

AMOR DE LARGA DURACIÓN

Los reencuentros no siempre traen felicidad y buenos recuerdos, en muchas ocasiones nos hacen volver a ese momento que durante los años que han pasado hemos querido borrar y que vuelve a nosotros cuando una persona o una situación nos lo recuerda.

Y ahí, ante ella, estaba de nuevo él. Ese que la dejó quizá porque ella no supo retenerlo. O simplemente porque era más complicado quedarse y vivir a su lado que intentar olvidar y seguir sin mirar atrás. Nunca se lo dijo y jamás ella lo preguntó.

En mitad de aquella calle una mañana cualquiera apareció de nuevo sin vino ni confeti. Sólo él y su triste melodía. Esa que siempre la destrozaba. Se miraron, se saludaron como si nada hubiese pasado entre ellos con un mirada profunda que guardaba todo lo que sentía y cada uno siguió tras un abrazo que guardaba de nuevo unos deseos que ya no serían alimentados.

Lo miró alejarse y sólo deseaba que el olvido hiciese su trabajo.

INTIMO Y PERSONAL

Quedaba poco tiempo, y el haber llegado al final, la devolvía al principio. Todo lo que pasase o dejase de pasar, y el no llegar a saber el alcance de lo que sucedería a continuación, la tenían desquiciada.

Para contribuir a ese desagradable estado, la página en la que estaba comprando -mas para alejar la realidad que por necesidad- se había bloqueado, lo que hizo a Cayetana ponerse algo rabiosa, y sólo por no poder comprar un sujetador con el que estaría muy atractiva pero que nadie vería ni disfrutaría, al menos de momento.

Siempre fue muy analógica, pero compraba por internet porque no le quedaba otro remedio si quería conseguir algunas prendas exclusivas, y el solo hecho de no poder hacerlo en ese justo momento, le produjo un inusitado malestar, si es que era posible añadir algo más de enfado al sentimiento de angustia que la carcomía y que la acompañaba en las últimas horas.

Al final se dio por vencida y lloró desconsolada cuando por fin fue consciente de que no era un sujetador lo que necesitaba, sino alguien que pintase para ella otra realidad más habitable.

HAMBRE DE DESPEDIDA

No podía pensar en él sin que le doliera. Llevaba años soñando con este momento, el momento de vengar por fin la muerte de su marido, vengar o esclarecer o buscar una explicación que la llevase a dejar de pensar en aquella trágica muerte. Encontrar un motivo que la ayudase a dejar de sufrir. Y sin embargo tener tan cerca el final, o al menos creer en ello, le traía agradables recuerdos que se tornaban amargos estando ahora de vuelta. Algo se le había removido por dentro. Volvía a ella la intranquilidad de los primeros tiempos sin Beltran, la angustia de la pérdida, el naufragio interior..

Pensaba ahora sin demasiado sentido-porque era muy tarde- en todo lo que no hizo, en todo lo que no dijo y en todo aquello que quedó en promesas. Lo sepultado salía ahora a la luz cubriendo la realidad presente. Sabía que por mucho que se esforzase nada podía cambiar y quizá eso era lo peor.

Le costaba apartar de ella el sentimiento de una culpa que no le correspondía, pero que la ahogaba desde hacía demasiado. Estaba tan acostumbrada a esa compañera ingrata que se le hacía rara la despedida, esa que deseaba, esperaba y pretendía alcanzar en breve. O al menos esa era su pretenciosa aspiración.

MÚSICA DE FONDO

Todo lo que había dicho Luca sonaba bien. Sus planes para intentar por fin esclarecer lo ocurrido con Beltrán eran casi perfectos. Solo había un pero. Para llevarlos a cabo debían arriesgarse, quizá más de lo deseado. Aún así, era la única manera de hacerlo y Cayetana lo sabía.

Llevaba toda la mañana dándole vueltas al perfecto plan del italiano. La intranquilidad la carcomía desde hacía horas. No sabía si porque veía cerca el final, o por el oscuro pensamiento que la invadía ensombreciendo su interior y haciéndole pensar que todo quedaría sin resolver para siempre después de haber agotado el último cartucho.

Debían arriesgar. Ella se lo debía a su marido y el italiano a su amigo. Estaba decidido. Lo harían todo según las indicaciones de Luca, que había dedicado horas a la resolución de aquel incómodo asunto que ya duraba demasiado. Entonces, como en un juego despiadado del destino, sonó en el reproductor de Cayetana una canción que por un momento la trasladó al lugar que abandonó tiempo atrás, y la música le abrasó el alma.