ATERRIZAJE

La idea  de pasar una hora admirándolo le parecía atractiva aunque algo arriesgada. En su primer encuentro, él lucía su característica barba de tres días, esmoquin y su ondulado pelo castaño peinado con una raya hacia el lado derecho. Ella apareció ante él con un vestido de noche rojo que destacaba su esbeltez y realzaba aún más su extraordinaria belleza. Él era un conde italiano. Ella, una aristócrata española. Se celebraba la gala anual de la Sociedad Botánica del Trébol Rojo.

Cayetana miraba a su alrededor y no podía evitar sentirse admirada a la vez que observada. Contemplar su silueta reflejada en las altas columnas de mármol de la estancia central en la que se encontraban, y estar rodeada de todos aquellos hombres de esmoquin, serios, atentos, inteligentes e interrogándose sobre la verdadera razón de la presencia de aquella atractiva mujer entre tanto varón, le producía una extraña sensación abrumadora.

Cayetana estaba perdida en sus pensamientos cuando de pronto algo la hizo volver a esa sala en la cual todos asistían atentos a la conferencia que en esta ocasión corría a cargo del profesor Luca Docastronelli de Ucello. Escuchar mencionar a una mujer osada fue lo que le devolvió  la atención hacia el conferenciante, y aún tardó un poco en darse cuenta de que la mujer de la que hablaba era ella misma. El joven profesor daba así la bienvenida a una  mujer que valiéndose de la astucia había conseguido entrar en una sociedad exclusiva de hombres. Cayetana inclinó la cabeza y esbozó una sonrisa hacia el joven profesor en señal de agradecimiento.

Finalizada la conferencia Luca se dirigió a ella y le hizo de anfitrión aquella noche. Sus labios se posaron en los delgados pómulos de ella que experimentó un extraño rubor al sentirlos. Olía muy bien. Al acercarse impregnó el aire. No se separó de ella en toda la velada.

Cuando los varones pasaron a tomar una copa Cayetana se retiró. Luca la acompañó hasta el hall de entrada y de nuevo por segunda vez aquella noche pudo sentir la suavidad de sus labios, y por segunda vez se ruborizó, aunque no lograba entender qué le causaba tal rubor.

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