VIERNES DE OPERA

Luca la desconcertaba. Sus encuentros sólo servían para hacerla dudar más. Le daba información pero a la vez esa información le servía para crearse nuevas dudas sobre su marido. Era viernes. Noche de ópera. Luca pasó a recoger a Cayetana tal y como habían acordado. Ella apareció deslumbrante, envuelta en un vestido verde esmeralda que la hacía resplandecer. La sugerente desnudez de la espalda, hizo que Luca perdiera la concentración por un momento.

Aquella mujer lo acompañaba, pero no le pertenecía, y esa noche más que nunca hubiese deseado que Cayetana fuera su esposa, o al menos, la mujer con la que compartir un rato de intimidad. Él no sabía si ella sentía hacia él esa rara atracción que él sí sentía -aunque disimulaba- por lo inadecuado que hubiese resultado ser confesada.

Cayetana estaba lejos de ese pensamiento -al menos en ese momento-. Su imaginación voló en busca de la nostalgia que alimentaba su vida de modo habitual. Pensó en lo diferente que le resultaba ahora todo. El tacto del terciopelo de las butacas ya no era tan suave. La madera había perdido brillo y las escenas ya no eran tan sorprendentes, ni la lámpara lucía tan esplendorosa. El dolor de la pérdida aún extendía su desagradable manto.

Después de la función se alejaron de la ciudad. Pasearon en silencio hasta que Luca se acercó a Cayetana más de lo que ella esperaba y la velada se rompió. El verde esmeralda pareció apagarse en una noche en la que Cayetana huyó ante la atenta mirada del hombre que la deseaba.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s