HAMBRE DE DESPEDIDA

No podía pensar en él sin que le doliera. Llevaba años soñando con este momento, el momento de vengar por fin la muerte de su marido, vengar o esclarecer o buscar una explicación que la llevase a dejar de pensar en aquella trágica muerte. Encontrar un motivo que la ayudase a dejar de sufrir. Y sin embargo tener tan cerca el final, o al menos creer en ello, le traía agradables recuerdos que se tornaban amargos estando ahora de vuelta. Algo se le había removido por dentro. Volvía a ella la intranquilidad de los primeros tiempos sin Beltran, la angustia de la pérdida, el naufragio interior..

Pensaba ahora sin demasiado sentido-porque era muy tarde- en todo lo que no hizo, en todo lo que no dijo y en todo aquello que quedó en promesas. Lo sepultado salía ahora a la luz cubriendo la realidad presente. Sabía que por mucho que se esforzase nada podía cambiar y quizá eso era lo peor.

Le costaba apartar de ella el sentimiento de una culpa que no le correspondía, pero que la ahogaba desde hacía demasiado. Estaba tan acostumbrada a esa compañera ingrata que se le hacía rara la despedida, esa que deseaba, esperaba y pretendía alcanzar en breve. O al menos esa era su pretenciosa aspiración.

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