UNA TARDE CUALQUIERA

La aparente quietud da casi siempre pasó al estruendo. El griterío interior de una voz ahogada que al final termina por ser escuchada.

La impaciencia y la agitación del reencuentro dominaban su ser. Luca estaba a punto de llegar y ella aún no se había vestido y antes de que pudiese reaccionar, el hombre que había deseado durante tantos meses ahora estaba ante ella más cerca que nunca deslizando la suave bata que llevaba puesta.

Observó su cuerpo, la delicada ropa interior que lucía, dos prendas que desaparecerían en unos segundos para mostrar completamente al desnudo, la delicada figura de Cayetana. Ésta desabrochó con desesperación la camisa de Luca y acarició su torso, ese que tanto deseó en demasiadas ocasiones durante todo este tiempo. Le desabrochó los pantalones y ya en igualdad de condiciones se perdieron en un mar de besos que mostraban las ansias de deseo que ambos habían mantenido en silencio. Se entregaron el uno al otro sin guardarse nada.

Para más tarde quedaría tratar el asunto que motivó el encuentro. Pues por todos es sabido que las cosas prioritarias son siempre las que deben resolverse antes. Para después se deja aquello que puede esperar.

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