MÚSICA DE FONDO

Todo lo que había dicho Luca sonaba bien. Sus planes para intentar por fin esclarecer lo ocurrido con Beltrán era casi perfectos. Solo había un pero. Para llevarlos a cabo debían arriesgarse quizá más de lo deseado, aún así era la única manera de hacerlo y Cayetana lo sabía.

Llevaba toda la mañana dándole vueltas al perfecto plan del italiano. La intranquilidad la carcomía desde hacía horas. No sabía si porque veía cerca el final, o por el oscuro pensamiento que la invadía ensombreciendo su interior y haciéndole pensar todo quedaría sin resolver para siempre después de haber agotado el último cartucho.

Debían arriesgar. Ella se lo debía a su marido y el italiano a su amigo. Estaba decidido. Lo harían todo según las indicaciones de Luca que había dedicado horas a la resolución de aquel incómodo asunto que ya duraba demasiado. Entonces como en un juego despiadado del destino sonó en el reproductor de Cayetana una canción que por un momento la trasladó al lugar que abandonó tiempo atrás y la música le abrasó el alma.

EL HOMBRE PERFECTO

El italiano apareció sin dar tiempo a Cayetana a planificar ese encuentro. Había pasado algo de tiempo, el mismo que resultó de utilidad para huir de él. Ahora la cita era ineludible. Sentía curiosidad por saber como se tratarían después de no haberse visto en semanas, y a la vez temía su reacción.

Luca  apareció con la misma frescura y procesándole el mismo cariño de siempre. Eso irritaba a Cayetana que no podía entender como ese hombre podía actuar de un modo tan dulce y correcto siempre. Ella trató de adaptarse a las circunstancias, pero su fuerte carácter pesaba más que sus ganas de complacerlo. Aún así, no fue un encuentro desagradable.

Después de todos los hombres con los que se había cruzado en los últimos meses, en el fondo sabía que solo uno era el que realmente la hacía temblar, y no era otro que ese que ahora mismo ante ella, gesticulaba animadamente haciéndole saber que tenía interesantes planes para ellos en cuanto a lo que a la Sociedad se refería. Ella escuchaba pero su atención se veía atraída por la belleza de aquel hombre tan perfecto que daba miedo.

 

FLECOS

Siempre había algo que cortar, alguna cosa inacabada que quedaba colgando. La muerte sin resolver de su marido, el encuentro casual con alguien que dejó un regusto que no acabó de saborear, el abandono inexplicable del músico del norte, la reacciones particulares de Luca… y muchas más cosas que no entendía. Parecía como si el circulo de muchas de las situaciones que vivía no se cerrase jamás, y eso, la desconcertada sobre manera.

Cada vez pensaba más y peor. Se obsesionaba con todo lo que la rodeaba y daba excesiva importancia a lo que apenas la tenía. Quizá llevaba demasiado tiempo sola. Guardaba en el fondo de su alma un cariño que ya casi nunca utilizaba y huía de modo consciente de situaciones con las que pudiera verse comprometida. Nada bueno era ese proceder y ella lo sabía.

Cada día era peor que el anterior, porque al esconderse todo se vuelve mas oscuro y salir de nuevo es difícil cuando sólo se tiene una escasa voluntad y la apatía favorece ese estado. Luca era el único que en estos momentos podría procurarle las tijeras para no dejar más hilos sueltos.

CORTO RECORRIDO

La velada con el Israelí había sido todo lo que ella esperaba. Pero a veces la perfección no es motivo suficiente para complicarse la vida. Ella no estaba preparada para estar con alguien que se iría pasadas unas semanas. No era el momento de comenzar algo de tan corto recorrido. Acabaría en decepción.

De nuevo apareció Luca en el entramado de sus pensamientos. Él sí se quedaba, estaba cerca. Tan cerca que daba miedo. Cayetana sabía que con el italiano se encontraba expuesta, pero no le preocupaba.

Tenía que llamarlo. Quedar con él. Saber qué había averiguado sobre el mapa. Debía seguir recabando información sobre los movimientos de la Sociedad. Y, para eso, era indispensable contar con la ayuda de su cómplice en la investigación. Ese no era otro que Luca. El chico guapo y desequilibrante que formaba parte de su vida. Era ese que le ayudaría a concretar que pasó realmente con su marido. Cerrar esa herida que de cuando en cuando sangraba la ayudaría a vivir sin mirar atrás.

ISRAEL 1 – ITALIA 0

Ella estaba citada con el Israelí. El italiano llegó antes de que pudiese recordar que debían encontrarse. Cuando Cayetana escuchó que alguien llamaba, se sobresaltó. Enseguida supo quién era, aún sin haber tenido en cuenta que él vendría.

Luca estaba allí porque la mujer de su amigo lo había citado para enseñarle algo-según ella- de vital importancia para la investigación que ambos estaban llevando a cabo. Cayetana no estaba como siempre. La notaba impaciente, irascible y se ruborizaba sin motivo. Como si tuviese prisa por despachar el asunto y pasar a otra cosa que le causase más placer.

Cuando sacó el mapa y lo puso ante los ojos de Luca, éste supo reconocer que se trataba de algo importante. Tardó un momento en reaccionar, pero enseguida se aventuró a proclamar cuál era la zona que marcaba el mapa aparentemente desconocido.

Pidió a Cayetana si podría llevárselo unos días. A pesar del celo con el que lo había custodiado todo este tiempo, no puso impedimento alguno. Ella solo pensaba en el israelí y en su confesión de llevar llevar un año deseando besarla.

2 EN EL PENSAMIENTO

No siempre todo sucede cuando se espera. Puede pasar un año desde que te despediste de alguien sin demasiada atención y que doce meses después te confiese que deseaba besarte desde aquel instante 365 días atrás, en el que te vio por primera vez. Entonces decides que es el momento oportuno de dejar todo fluir.

Cayetana vivía inmersa en los preparativos de un fiesta que no le apetecía dar, y utilizaba como excusa el tiempo que dicho evento le robaba para distraer la atención de lo importante que no era otra cosa que llamar a Luca para contarle lo que hacía tiempo tenía intención de poner en conocimiento del italiano. Por una razón un otra, lo posponía. Aparte, el israelí estaba más presente que nunca y ella lo deseaba como siempre.

Los hombres que tenía cerca eran agradables, pero ahora no era el momento de decantarse por buscar el amor. No antes de resolver el misterio -para ella- de la muerte de su esposo, algo que la seguía cegando y que de momento, salvo excepciones, no le permitía ser ella misma ni avanzar sin tener que sentir nostalgia o la falta de ella.

Se había prometido que esa misma semana le contaría a Luca lo del mapa. Ya no aplazaría más algo que debió hacer hacía semanas. Debía afrontar esa situación que le incomodaba para no seguir creyendo que era tan importante.

DESEOS

Se preguntaba a cuántas personas íntegras y decentes conocía. La lista se le antojaba corta. Desearía conocer más, pues al empezar a repasar eran pocas las que cumplían con el requisito requerido. Eso le hacía pensar que cada vez las personas se venden con más facilidad y los valores carecen de sentido.

Luca era uno de esas pocas personas que mantenían intacta su integridad. Ella lo sabía, era algo que se nota, y en él era más que palpable. Por eso estaba decidida a contarle lo poco que sabía sobre el hallazgo que su marido hiciera mucho tiempo atrás, y que sin duda, debía rescatar y traer al presente, para poder resolver el misterio de su muerte. Esa que para ella aún estaba sin resolver.

Lo llamaría. Esa misma noche era imposible. Había quedado con alguien del pasado. Era un hombre. Árabe. Muy diferente a ella, pero que con su diferencia conseguía que ella se sintiese alguien especial. No se veían desde hacía un año. En aquella ocasión todo fue impostado entre ellos. Ahora todo indicaba que podrían acercarse para sentir eso que los dos deseaban, pero que por mucho tiempo habían querido enterrar.