ABSTRACCIÓN

Las vacaciones se habían alargado. Los pensamientos, también.

Tenía nuevos datos, pero ninguno que aportase demasiada información. Se movía en círculos, en espiral. No sabía desmarcarse de esa tendencia que parecía ser el nuevo sinsentido en el que debía permanecer por momentos. Cada avance se convertía en un nuevo enigma y la atracción que sentía por Luca tampoco la ayudaba a moverse con frialdad.

Le habían regalado un libro y una pluma. La botella de vino la había comprado ella. Y tenia la idea exacta de dónde y con quién debía tomarla. De momento era solo una idea que dejaría pasar. Su amigo Remi era padre por segunda vez. Ella era viuda y no tenía hijos, ni siquiera un perro al que llamar Lupo. No debía hacerse con una mascota. Montar en bicicleta le parecía más aceptable, o invertir en arte.

Todo le resultaba firmemente extraño y tristemente abstracto.

Cuanto más analizaba su vida, más absurda le parecía. Quizá debía dejar de hacerlo, al menos en el día que corría. Era uno de esos en los que todo parecía ser gris oscuro, casi negro. Le dolía la cabeza, motivo por el cual dejó de buscar un vestido para el cóctel del sábado. Lo adecuado era no asistir, o quizá durante la semana aparecería de nuevo el ánimo perdido. Mañana todo sería de un color menos apagado. Esperaba poder dormir y alejarse del laberinto pensativo en el que sin darse cuenta se había embarcado.

 

 

UNA LLAMADA

En muchas ocasiones un pequeño gesto inesperado es válido para cambiar la perspectiva, o para hacerte sentir pleno.

Tras la desafortunada conducta de Luca la noche de la ópera, Cayetana se sentía desilusionada. No paraba de darle vueltas a lo ocurrido y hacía días que no sabía nada del italiano. Le daba igual. Es más, que fuese así la alegraba. Sentía en esos momentos un particular desprecio hacia la persona de Luca. Un sentimiento incontrolable que no le desagradaba, era como una venganza no premeditada.

Cayetana había pasado la tarde bebiéndose un botella de vino regalo de su amiga Alicia. Saboreando estaba el rico caldo cuando su móvil sonó. Era un mensaje de Luca. Ella lo dejó pasar como dejó pasar ese sentimiento de desprecio que habitaba en ella y que no molestaba.

Dos horas más tarde la llamaban. No era otro que ese que envió un mensaje que no tuvo respuesta. Cayetana dudaba sobre lo adecuado o inadecuado de responder. Y sobre todo de si le apetecía hablar con ese que la estaba haciendo sentir tan lejos de ella misma.

Respondió. Luca fue tan capaz de hacerla volver en sí, que ella no pudo más que ceder ante él. Era un hombre especial a la par que complicado, que hacía las cosas aparentemente difíciles siendo la facilidad su estado final. Y sólo se detenía en lo importante. Un solo gesto suyo podía llegar a remover las entrañas. Cayetana era muy consciente de ello, por lo que temía poder quedar de alguna manera en sus manos. Motivo éste por el cual debía cubrirse a fin de no salir herida. Y eso sí era importante.

VIERNES DE OPERA

Luca la desconcertaba. Sus encuentros sólo servían para hacerla dudar más. Le daba información pero a la vez esa información le servía para crearse nuevas dudas sobre su marido. Era viernes. Noche de ópera. Luca pasó a recoger a Cayetana tal y como habían acordado. Ella apareció deslumbrante, envuelta en un vestido verde esmeralda que la hacía resplandecer. La sugerente desnudez de la espalda, hizo que Luca perdiera la concentración por un momento.

Aquella mujer lo acompañaba, pero no le pertenecía, y esa noche más que nunca hubiese deseado que Cayetana fuera su esposa, o al menos, la mujer con la que compartir un rato de intimidad. Él no sabía si ella sentía hacia él esa rara atracción que él sí sentía -aunque disimulaba- por lo inadecuado que hubiese resultado ser confesada.

Cayetana estaba lejos de ese pensamiento -al menos en ese momento-. Su imaginación voló en busca de la nostalgia que alimentaba su vida de modo habitual. Pensó en lo diferente que le resultaba ahora todo. El tacto del terciopelo de las butacas ya no era tan suave. La madera había perdido brillo y las escenas ya no eran tan sorprendentes, ni la lámpara lucía tan esplendorosa. El dolor de la pérdida aún extendía su desagradable manto.

Después de la función se alejaron de la ciudad. Pasearon en silencio hasta que Luca se acercó a Cayetana más de lo que ella esperaba y la velada se rompió. El verde esmeralda pareció apagarse en una noche en la que Cayetana huyó ante la atenta mirada del hombre que la deseaba.

SIN RAZÓN

En ocasiones el color de la piel o el lugar donde naces pueden salvarte la vida, sin más. Cuando Cayetana reflexionaba sobre ello, después de su cita con Luca, pensaba en su marido; en que a él no hubo ningún factor que lo salvase de una muerte prematura.

Aún le costaba aceptar el hecho de que muriese en unas circunstancias tan poco claras. Y más ahora que sabía a lo que se dedicaba la Sociedad -que no era otra cosa que a buscar plantas-, le parecía todavía mas absurda la muerte de Beltrán. Eso sí, según escuchó de boca de Luca, la sociedad se dedica al estudio y ciertos aspectos relacionados con las plantas que podían ser puestos en conocimiento de todas las personas que quisieran acceder a ellos para así poder utilizar dichos estudios en provecho de la humanidad, pero -puntualizó el italiano- no todos los descubrimientos que hace la sociedad se hacen públicos.

Ya se había tranquilizado, pero en el momento de escuchar esas palabras de boca del italiano, Cayetana se mostró muy indignada. Le parecía intolerable. No entendía cómo Luca y su marido podían formar parte de algo así, lo que le hace pensar que en el fondo no conocía a su marido. O al menos determinados aspectos de su vida que cuidaba con esmero a fin de que permaneciesen ocultos.

La explicación que recibió de su acompañante aquella tarde, tampoco la dejó muy satisfecha. Luca le dijo que era tal la fascinación que sentían por el mundo de la botánica, que todos los miembros se muestran dispuestos a mantener ciertos secretos a fin de tener acceso a ellos. A pesar de los argumentos, no se convenció. Buscaba una justificación que le hiciese querer estar dentro sin desear estar fuera de aquella disparatada asociación. Miraba a Luca casi con resentimiento. Y a, pesar de ello, no fue capaz de rechazar su invitación a la ópera; el lugar donde se sentía a salvo y al que acudía con ese que ya no estaba para acompañarla.

INFORMACIÓN PRIVILEGIADA

Pasaron varios días sin saber el uno del otro. Cayetana quería llamarlo, sentía la necesidad de hacerlo, pero no le parecía correcto. Casi lo precisaba y no sabía el  motivo. Para aplacar las insólitas ganas de verlo, decidió empezar a leer un libro sobre botánica, disciplina de la sociedad. No entendía por qué la sociedad era secreta. Tampoco disponía por ahora de mucha información para poder dar una opinión valorada.

Por otra parte estaba el amarillento papel que Beltrán tenía en la caja del banco. No sabía lo que era, no sabía lo que significaba y tampoco si debía contárselo a Luca. Sentía que podía confiar en él, pero ignoraba hasta qué punto. Quería pensar que podría hacerlo sin limitación, pero también podía ser una estrategia de la sociedad para mantenerla vigilada. No lo creía. Enseguida apartó de si esa estúpida idea. Era un buen amigo de Beltrán, se preocupaba por ella, había sentido la pérdida de su marido. La entendía. Era alguien de fiar. Le contaría lo del mapa, eso sí, a su debido tiempo.

A la vez se descubría admirada de que Luca no la hubiese llamado. Estaba extrañada de que un hombre al que apenas conocía, y que poco tenía que ver con ella- a excepción de pertenecer a la misma sociedad y ser amigo de su marido-no se hubiese puesto en contacto con ella en varios días.

Su móvil sonó. En nombre del italiano apareció en la pantalla. Luca quería quedar. Cayetana estaba confundida y agradecida. Iba a contarle cosas sobre la sociedad dada la escasa información de la que ella disponía. A ella no le quedó más remedio que apartar de sí los malos pensamientos que le habían atacado hacía unos minutos.

Ese hombre la ponía al limite de su actuación vital, la hacía comportarse con una naturalidad diferente y desconocida.

 

UNA REALIDAD DIFERENTE

Su marido al que creía conocer, había resultado ser más enigmático que la piedra Rosetta. Luca sabía mucho de él, cosas que ella desconocía a pesar de que pasó varios años a su lado. Quizá fue por azar, por protegerla o porque carecía de importancia para su relación, pero la única verdad era que no le había contado todo lo que se hubiese esperado de alguien como él.

Cayetana, en todo el tiempo que duró su matrimonio, jamás sintió que él no estuviese siendo sincero, muy al contrario, Beltrán era alguien en quien confiaba. A excepción de los asuntos relacionados con la Sociedad de los que no hablaba, siempre comentaban todo lo que rodeaba sus vidas.

Lo había pasado tan bien con el italiano que no quería que esas ocultaciones por parte de su marido estropeasen el recuerdo de lo vivido con  Luca. No quería que las dudas que planeaban ahora sobre ella en torno a su vida junto al hombre con el que se casó la hicieran enfadar. Proponérselo fue en vano. Era inevitable sentirse algo traicionada.

Se puso a darle vueltas al asunto y ya hasta dudaba de si quería seguir adelante con la investigación de la Sociedad. Estaba tan rabiosa que le daba igual saber cual fue el destino verdadero de su marido. Aunque en el fondo le importase, y mucho. Solo que encontrarse con otra realidad distinta era complicado de encajar. Pero lo haría.

En ese su primer encuentro con el íntimo amigo de su marido, al que ella no conocía, no quiso importunar a su acompañante con preguntas incómodas sobre la Sociedad. Prefería ganarse antes su confianza.  Sería más adelante cuando intentaría conocer más de lo que le interesaba. Estaba convencida de que pronto se volverían a encontrar, pues ambos disfrutaba de igual medida cuando se tenían cerca, y eso se buscaba.

 

UN BUEN AMIGO

Entra en la ducha, el agua corre por su cuerpo, todo se evapora. Ha quedado a las 14:00 con Luca. Tarda poco en arreglarse. Baja en el ascensor, llega a la entrada y antes de salir empieza a ponerse los guantes. Mira su mano sin alianza. Hace tiempo que está así, pero hoy le parece más desnuda que en otras ocasiones. No ha renunciado a seguir luciendo su llamativo anillo de compromiso. Mantiene sus ojos fijos en él, lo acaricia y vuelven a ella diferentes sensaciones. Piensa en Beltrán. Alguien irrumpe en la escena. Es un vecino que entra en el portal. En ese momento Cayetana reacciona, saluda y acaba de meterse el guante antes de salir a la calle para buscar un taxi.

Llega a la puerta del sitio donde han quedado. Está indecisa. No sabe si pasar o esperar fuera. Llamar a Luca para preguntar dónde se encuentra le parece inadecuado. Piensa en entrar y preguntar si hay una mesa reservada a su nombre. Cuando se dispone a pasar dentro, desde la acera de enfrente alguien pronuncia su nombre. Cruza la calle casi sin mirar, entre los coches, mientras su chaquetón de paño que lleva desabrochado se abre con el viento al cruzar al trote. Es él. Ella hacía unos minutos que había girado  la cara tras reconocer su voz. Llega ante Cayetana sonriendo y con total naturalidad le da un furtivo beso en la mejilla derecha haciéndola caer en confusión.

El almuerzo resulta agradable. Hablan largo y tendido sobre Beltrán. Los dos se miran, sus ojos brillan y se reflejan en el otro. Sienten como si esa pérdida los conectase, uniéndolos de algún modo. Él toma compasivamente la mano de Cayetana ante la extrema tristeza de ésta. Ella no hace ningún esfuerzo por apartarla, acepta la caricia. Ambos se miran. Sus manos están entrelazadas, ese gesto es el comienzo de una complicidad que empieza a nacer quizá sin vocación de perdurar.

Cayetana ha preguntado muchas cosas sobre Beltrán y Luca ha contestado a todas. Ahora sabe que pese a no conocerlo hasta ahora, era un buen amigo de su marido.